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El día 7 de abril es el día mundial de la salud en conmemoración de la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, se elige un tema relacionado con la salud que repercute en un grupo de población y se intenta dar visibilidad y hacer accesible información relacionada al mayor número de personas.

Este año, el eslogan va a ser «Hablemos de la depresión».

La depresión es una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo según datos de la OMS. Puede afectar a cualquier persona y manifestarse con una gran variedad de síntomas, algunos de los más comunes pueden ser el sentimiento continuo de tristeza, la pérdida de interés por acciones que antes se disfrutaban, la dificultad para realizar acciones cotidianas, la pérdida de apetito, el insomnio, la disminución de la concentración o la indecisión, el sentimiento de culpa o de desesperanza, los pensamientos de autolesión o suicidio, etc.

La psicoterapia, es la base del tratamiento de la depresión y en ocasiones puede ser necesario también un tratamiento farmacológico. No obstante, a veces, la persona que padece esta dolencia puede tardar en identificar que necesita pedir ayuda, bien porque no entiende qué le está pasando, por su propio estado anímico que le dificulta tomar la decisión e incluso por el estigma que a día de hoy siguen siendo las enfermedades mentales.

Desde el punto de vista nutricional, también podemos trabajar para mejorar la sintomatología depresiva y la duración de la misma. Siempre como complemento al tratamiento psicoterapeútico o para su prevención.

El tratamiento nutricional consiste en hacer modificaciones en la dieta, incluir suplementos alimenticios a base de minerales, vitaminas y aminoácidos,responsables de promover la segregación de algunos neurotrasmisores que se ven disminuidos en la depresión, como la serotonina o la dopamina.

Algunos de los aminoácidos más utilizados son el triptófano, la tirosina, la fenilalanina y la metionina. Siempre bajo supervisión médica y con una estrecha vigilancia de la evolución de los síntomas.

El bajo consumo de ácidos grasos omega 3 en la dieta, también se asocia a trastornos depresivos mayores, de hecho, en poblaciones con escasa ingesta de pescado azul, aceite de oliva, frutos secos y otros alimentos ricos en omega 3, la incidencia de depresión es mayor.

Esto puede estar relacionado con el efecto antidepresivo que se le atribuye a los ácidos grasos EPA y DHA, presentes en el Omega3. La suplementación con las cantidades idoneas con estos ácidos grasos, pueden ser de utilidad para la mejora del estado anímico.

Se recomienda que una persona sana tome de 1 a 2 gramos de ácidos grasos omega 3, una persona con depresión puede necesitar incluso dosis 5 veces mayores, aunque no hay una pauta fija establecida. La recomendación ha de ser individualizada a la situación de cada persona.

Otros déficits vitamínicos que también se asocian a los trastornos depresivos son la carencia de vitaminas del grupo B. Especialmente la B12, B9 o ácido fólico y B6. Una de las hipótesis que explican esto, es que las vitaminas B regulan los niveles de homocisteina. Niveles altos de homocisteina y bajos de vitaminas B, afecta a la función de algunos neurotrasmisores cerebrales y aumenta la neurotoxicidad y estrés oxidativo, produciendose así la sintomatología depresiva.

También, sabemos que la vitamina B12 puede servir para mejorar la función cognitiva, que las personas con depresión pueden ver mermada en relación a la enfermedad o como efecto secundario de la medicación.

El magnesio, el cromo, el yodo y posiblemente el hierro, entre otros, también se relacionan con la depresión y la suplementación o la ingesta de alimentos ricos en estos minerales, pueden ser útiles en el tratamiento.

El consumo excesivo de azúcar se asocia con una menor capacidad de memoria y un mayor riesgo de desarrollar depresión. Cuando se consume azúcar, el cerebro libera dopamina, lo que produce al individuo una sensación de bienestar y por eso tiende a tener predilección por los alimentos dulces. Pero cuando el azúcar en sangre, vuelve a niveles basales, la dopamina baja y cae el estado de ánimo.

El azúcar refinado, las bebidas azucaradas, la bollería industrial, entre otras, pueden agravar los síntomas de la depresión.

Como medida preventiva, podemos recomendar el llevar una alimentación equilibrada, rica en frutas y verduras variadas, carnes para asegurar la ingesta de vitaminas del grupo B, pescado azul que aporte la cantidad necesaria de ácidos grasos omega 3, hidratos de carbono de absorción lenta que aporten energía y disminuir el consumo de grasas saturadas y azucares refinados.

Con estos datos, parece tener sentido el seguir un plan nutricional adecuado y adaptado a cada persona como tratamiento coadyuvante para la depresión. Ya sea para adquirir hábitos de alimentación saludable y evitar el empeoramiento de los síntomas depresivos además de; para prevenir carencias nutricionales, como para utilizar los complementos alimenticios de manera segura y obteniendo resultados positivos para mejorar el estado anímico.

No obstante, el tratamiento nutricional no es sustitutivo del tratamiento farmacológico que ni de la psicoterapia.

Algunos complementos alimenticios pueden producir efectos secundarios no deseados si se toman sin supervisión y pueden interactuar con la medicación antidepresiva, por lo que se recomienda su consumo siempre con el asesoramiento profesional.

BIBLIOGRAFÍA:

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